miércoles, 16 de marzo de 2011

Y esas velitas ¿para qué son?

Yo no vi nada, no oí nada, no debería recordar nada. Pero por algo así como un recuerdo colectivo, tengo imágenes y sonidos que se han construido y entrelazado por la historia oral de los que sí estuvieron.

Que fue por la mañana. Que habían tocado la campana. Que sabían que los venían persiguiendo. Que estaban en la entrada del local de los grandes. Que sus hijos estaban en las salas. Que forcejearon. Que a golpes los entraron en la maleta. Que el tío Leo venía caminado, que los vio, que corrió y cayó por una bala intencionada.

Han pasado los años y había olvidado que ahí, donde se disparó la bala, cada año hay un encuentro, donde por una noche se ilumina la calle con velas que hacen un recorrido por la memoria y la historia.

Me fui hace 15 años del colegio y me fui también de esos "otros" espacios. No volví a las salas, ni al patio, pero tampoco volví los 29 de marzo...dejé las clases, los compañeros y las velas.

Este año, que ya son 20, algunos días antes de la velatón comenzaron a llegar los correos convocando a la memoria. Fue extraño pero fui. Nada nunca es como en los recuerdos. Ni las puertas, ni el patio, ni los baños tenían el tamaño recordado, las caras eran todas más grandes, y sobre el escenario se había trocado el folclore por el hip-hop. Todo era a la vez viejo y nuevo. Pero algo no cambió, algo seguía siendo lo mismo, algo así como un código comprensible y pertenecible. Me volví a sentir Latina. Poniendo velas volví a sentir que esa calle, Los Leones era mía.

En ese reencuentro hice la vieja caminata a casa con un grupo de compañeros. Entre anécdotas y copuchas, se nos acercó una señora, con mucha soltura y cara sonriente, nos preguntó "¿Y esas velitas, para qué son?" Y miré para atrás y vi todas las velas en un camino recto por varias cuadras y la miré a ella, y tuve ganas de decirle "¡cómo es posible que no sepa!", "¡qué donde había vivido!".

Pero la calle se veía bonita y la señora estaba sonriente.

Es cierto yo no vi nada, no escuché nada. No me acuerdo del helicóptero que oyó la Paloma. Incluso por un largo tiempo lo olvidé. Pero sí, estuve ahí, a una cuadra de la bala, de la pena, del miedo... de la rabia.

Y otros no estuvieron. No pueden olvidar porque no supieron. Nunca les contaron, ni comentaron. ¿Y esas velitas para que son? para que la historia corra, para que no desaparezca en el tiempo, para que otros puedan, con retrazos de recuerdos construir la imagen y finalmente cuando pasen frente a unas nuevas velas no pregunten qué se está celebrando, ni para que son, ni para que están.

Escrito por Cristina Guerra el 01 de abril del 2005.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada