lunes, 28 de marzo de 2011

Helicópteros, balazos y secuestros

Era una mañana de viernes, tenía entonces 14 años y llegué al colegio pensando que sería un día más. Pero era 29 de marzo de 1985. Y todavía lo tengo fresco en la memoria como lo debe tener toda la comunidad escolar del Colegio Latino Americano de Integración de la época.

Comenzó la jornada escolar como todos los días. En la puerta del colegio recibiendo a los alumnos estaba Manuel Guerrero Ceballos, (el tío Manuel para nosotros), luego un saludo y a las salas de clases.

Al poco rato empezamos a extrañarnos por lo bajo que se escuchaba el vuelo de un helicóptero. Eran vuelos rasantes y muy frecuentes. De la nada se sienten unos estruendos muy fuertes, yo dije “se reventaron neumáticos”. Pero pensé ¿tantos? Otros compañeros gritaron: ¡¡No, esos son disparos, y son acá!! Fue en ese momento que se me ocurrió que era probable, pero no quería creer que escuchaba disparos cerca del colegio. Se escuchan unos rechinazos de neumáticos… seguidos de un grito y un silencio interminable y a la vez, angustiante.

En la sala, todos ansiosos por saber que estaba pasando no sabíamos que hacer, entre algunas compañeras nerviosas y algunas otras llorando, recuerdo a una compañera que huyó de la sala diciendo que “iba al baño”, en realidad iba a averiguar todo lo que escuchamos previamente. Luego lo que nadie esperaba, mi compañera entra gritando ¡¡¡Se llevaron al Tío Manuel!!!

El profesor que guiaba la clase nos reunió a todos y nos prohibió salir de la sala hasta que nos fuesen a avisar que pasaba. Al aceptar por fin que habían sido disparos lo que escuché, empecé a preocuparme por mi hermana, ella estaba en otra sala y además era bastante más cercana que yo al tío Manuel. Lo único que quería era saber de ella.

Al poco rato se asoma por la puerta otro profesor, y nos pide que todos salgamos tranquilos y ordenados, al patio trasero del colegio. Se evacuaban las salas y se reuniría a los alumnos en el patio.

Afligida yo buscaba a mi hermana por todos lados hasta que la vi y pude respirar tranquila. Una vez, reunido todo el colegio en el patio se nos comunicó que estaban llamando a todos los apoderados para que nos fuesen a buscar.

En medio de la inquietud, algunos preguntaban: ¿Y el tío Manuel? ¿Qué le pasó al tío Manuel? Nos dijeron que pronto nos informarían. Por el momento teníamos que quedarnos en el patio y esperar que llegaran a buscarnos.

Al encontrarme con mi hermana, ella lloraba. Y entre sollozos me dice: se llevaron al tío Manuel. Casi sin respirar me cuenta que “parece que se llevaron también al papá de la Javiera” (José Manuel Parada).

Estando reunidos en el patio se nos confirma la gravedad y doloroso de lo que ha ocurrido. Se habían llevado al Tío Manuel, además a José Manuel Parada y que en su intento por ayudarlos le llegó un disparo en el abdomen al profesor Leopoldo Muñoz (Tío Leo), quien venía en ese momento caminando al colegio desde el Jardín Infantil, donde él era profesor y que quedaba a una cuadra.

Llegan mis padres al colegio, y antes de irnos se nos informa que en la noche se hará una reunión de apoderados que terminó en una velatón espontanea.

En mi casa fue una tarde muy triste, con mucha pena por lo que estaba pasando, mis padres partieron al colegio para ser informados de lo que pasaba. El colegio estaba rodeado de velas y claveles por todos lados, había un ambiente de tristeza en toda la comunidad escolar.

La reunión del viernes fue de padres, el sábado 30 en la mañana hubo una reunión a la que fuimos los alumnos.

En el escenario del colegio se nos informa que el tío Leo está grave y que habría que esperar que todo saliese bien. Luego sube a decir unas palabras Manuel Guerrero Antequera, hijo del tío Manuel. Entre el dolor y la esperanza dijo algo que nunca podré olvidar: puede aparecer sin cabeza en el rio Mapocho mi papá. Inolvidable. Es algo tan fuerte de escuchar de alguien que estaba pasando por una pena enorme por el secuestro de su padre. Luego de algunas palabras y escuchar algunas canciones, nos retiramos a nuestras casas.

El sábado por la tarde era angustiante. No saber qué estaba pasando con ellos, pues se temía lo peor. Cerca del medio día se encuentran los cuerpos. Se difunden noticias durante la tarde por la Cooperativa y el noticiario central se inicia con la confirmación de que se encontraron 3 cuerpos degollados a un costado de la carretera en la comuna de Quilicura. Luego el Servicio Médico Legal, confirmaría que corresponden a los profesionales secuestrados desde la entrada del Colegio Latinoamericano de Integración, además de un tercer cuerpo, que posteriormente fue identificado como el de Santiago Nattino Allende quien había sido secuestrado el día anterior en las calles Apoquindo con Badajoz, en el sector alto de la capital.

Este caso que me toco vivir, siendo una adolescente, es un recuerdo imborrable y doloroso que llevo conmigo. Es asumir abrupta y cercanamente que en nuestro país el asesinato y la tortura se dieron en muchas familias chilenas, en muchos casos en más de un miembro de la familia y actualmente muchos aún siguen buscando a sus familiares desaparecidos. Se ha avanzado haciendo justicia, pero el país tiene deudas pendientes con ellos todavía.

La violación sistemática a los Derechos Humanos, fue una constante durante la dictadura cívico-militar. Dedico este relato a los familiares de Manuel Guerrero Ceballos, José Manuel Parada, Santiago Nattino Allende, Eduardo y Rafael Vergara Toledo y todas las víctimas de la Dictadura.

Escrito por Mariela Ormeño García el 28 de marzo de 2011

2 comentarios:

  1. que tristes momentos para chile, pero un gran homenaje a estos caidos en la peor de las dictaduras.

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  2. Esperemos que nunca mas se repita estos aconteciemientos tan dolorosos para cualquier pais...

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